Etapas, experiencias y lugares imprescindibles del viaje de Beatriz
No todos los viajes tienen que contarse como una guía. A veces se entienden mejor a través de lo que una persona recuerda al volver: una terraza con vistas, un guía que cambia los planes porque el Etna está activo, una playa encontrada casi por casualidad o un plato que termina siendo mejor de lo esperado.
Este diario nos lo envió Beatriz después de recorrer Sicilia con una ruta diseñada a medida por Trinakria Tours. Nos gustó porque está escrito sin pose y sin intentar convertir cada momento en una recomendación definitiva. Es el relato de una viajera curiosa que ha vivido la isla con calma, atención y muchas ganas de probarlo todo.
En cada viaje seleccionamos cuidadosamente los alojamientos y las experiencias a partir de un catálogo propio de colaboradores que conocemos personalmente. Con algunos trabajamos desde hace casi veinte años. Las reseñas y la información online ayudan, por supuesto, a hacerse una primera idea, pero nuestro trabajo empieza después: escuchar a la persona, comprender qué viaje necesita y conectar hoteles, etapas y actividades para que todo tenga sentido.
Nos gusta definirnos como travel curators: personas con experiencia, conocimiento directo del destino y una verdadera pasión por diseñar viajes auténticos y personales. Creemos que ahí está nuestro valor añadido y, probablemente, una parte importante de por qué estos viajes gustan tanto a quienes nos eligen.
¿Te gustaría recorrer Sicilia con una ruta pensada para ti?
Así empezó el viaje a Sicilia
Hola, os mando este pequeño relato de nuestro viaje. No creo que pueda expresar suficientemente lo mucho que nos ha gustado, pero aquí va.
Junto con Giovanni, de Trinakria Tours, fuimos dando forma a una ruta basada en lo que queríamos vivir: naturaleza, patrimonio, gastronomía, alojamientos con personalidad y tiempo para recorrer la isla en coche sin ir a la carrera.
Se notaba que detrás de cada propuesta había conocimiento directo de Sicilia y una selección muy pensada. No se trataba simplemente de reservar hoteles y actividades, sino de construir un viaje con sentido. Y se nota que les encanta hacerlo.
Con ellos reservamos el coche de alquiler, los alojamientos con desayuno, el tour privado por el Etna y los traslados entre el aeropuerto de Palermo y nuestro alojamiento en la ciudad.
He de decir que fue todo un acierto elegirles para organizar este viaje.
Cuatro alojamientos y cuatro formas de vivir Sicilia
Una de las cosas que más nos gustó fue que cada alojamiento tenía una personalidad distinta. No parecía que estuviéramos repitiendo siempre la misma experiencia en lugares diferentes.
Naturaleza, jardín y vistas al Etna
En la primera parte del viaje nos alojamos en plena naturaleza. La habitación era enorme y, al abrir la puerta, salías directamente al jardín, con una mesita donde podías terminar el día con una copa de vino o una cerveza.
Desde la piscina se veía el Etna. En el desayuno podías pedir los huevos como prefirieras y también te preparaban el café al momento. La dueña y su madre nos acompañaban muchas mañanas y eso hacía que el lugar resultara todavía más cercano.
Un pequeño B&B entre las dos Ragusa
En Ragusa dormimos en un boutique B&B situado entre Ragusa Ibla y la parte alta de la ciudad. Desde la terraza teníamos unas vistas impresionantes de Ibla.

El desayuno se servía arriba, con una panorámica todavía mejor. La habitación estaba decorada con mucho gusto y el anfitrión nos dio toda la información que necesitábamos para movernos por la zona.
Un refugio rural cerca de las Salinas de Marsala
En la zona de Marsala volvimos a dormir rodeados de naturaleza, en un pequeño resort rural muy cerca de las salinas. Pudimos llegar caminando hasta ellas, algo que terminó siendo importante en una de las tardes más bonitas del viaje.
El jardín era enorme, con piscina, árboles frutales, gallinas y dos perritas que parecían formar parte del equipo de bienvenida.
Los propietarios estaban siempre pendientes de nosotros, ofreciendo una copa de vino o una cerveza y preparando desayunos estupendos. La habitación tenía un tamaño poco habitual, con vestidor, bañera de hidromasaje y ducha.
Una casa histórica en el centro de Palermo
Terminamos el viaje en pleno centro histórico de Palermo, muy cerca de uno de sus mercados más conocidos.
A pesar de la ubicación, la habitación daba a un jardín interior y apenas se escuchaba ruido. Tenía vestidor, un baño enorme y una bañera que parecía casi una pequeña piscina.
Los desayunos al aire libre eran completísimos. El primer día, la propietaria nos explicó qué podíamos ver y organizamos parte de nuestra visita siguiendo sus consejos. Fue un acierto.
Lo que más valoramos al elegir un alojamiento no es solo que sea bonito: también debe estar bien situado dentro de la ruta, permitir descansar y aportar algo diferente al viaje.
Comer bien también forma parte del recorrido
En Sicilia comimos muchísimo y casi siempre muy bien. Hubo restaurantes buscados con antelación, otros recomendados por nuestros anfitriones y algunos elegidos simplemente porque nos apeteció entrar.
Taormina y una primera cena siciliana
Taormina es muy turística, pero eso no significa que sea imposible comer bien. Cenamos en una trattoria donde pedimos dos platos de espaguetis, uno con sardinas y otro preparado al estilo de la casa. De primero compartimos una tabla de quesos sicilianos.
Fue una buena manera de empezar el viaje: platos sencillos y reconocibles, pero con productos y sabores que ya nos situaban en la isla.
Pescado en Aci Castello
Nuestro guía nos recomendó un restaurante de pescado en Aci Castello. Pedimos pez espada y estaba muy rico, aunque después de ver pasar las bandejas de marisco de las otras mesas pensé que quizá habría tenido que copiar a los vecinos.
El primer cannolo en Catania
En Catania probamos por primera vez el cannolo siciliano. Nos encantó, igual que las granite y un spritz de limoncello que me pedí yo.
El cannolo estaba relleno de ricotta y fue uno de esos momentos en los que entiendes por qué un dulce tan conocido sigue teniendo sentido cuando se prueba en su lugar de origen.
Bronte y la tentación del pistacho
Bronte es el pueblo del pistacho, así que es imposible pasar por allí sin probar alguno de sus dulces. Estaban buenísimos, aunque hay que reconocer que son muy dulces.
Dos cenas en Ragusa
En Ragusa Ibla probamos queso siciliano frito, caponata, albóndigas y unos espaguetis con una salsa muy completa que terminaban de cocinarse al horno. Todo estaba fabuloso.
En Ragusa Centro cenamos en un lugar con mucho encanto. Repetimos caponata, pedimos espaguetis con almejas y yo elegí un filete de atún especialmente sabroso.
Un aperitivo que llegó en barca
En las Salinas de Marsala, el propietario de nuestro alojamiento nos recomendó un sitio para ver el atardecer. Podíamos llegar caminando y fuimos pensando que tomaríamos algo sencillo.
El lugar terminó siendo mágico. El aperitivo era mucho más que un aperitivo y llegó dentro de una pequeña barca utilizada como bandeja. El sol se puso sobre las salinas mientras un guitarrista tocaba música en directo.

Fue uno de esos momentos que no se pueden explicar del todo sin haber estado allí.
Una última cena en Marsala
El último día en Marsala nos dejamos guiar por las opiniones de internet y elegimos un restaurante del centro.
Pedimos el menú degustación y fue una gran decisión. Allí probamos las mejores albóndigas del viaje, acompañadas por un vino de la zona producido por el propio establecimiento.
Palermo, trattorie y comida callejera
En Palermo seguimos la recomendación de nuestro alojamiento y comimos en una trattoria tradicional. La pasta de la casa estaba buenísima.
Y, por supuesto, también hay que probar la comida callejera en alguno de los mercados y puestos del centro. Palermo se entiende mucho mejor cuando se come de pie, entre ruido, olores y conversaciones.
Del Etna al barroco del sureste
Taormina como primera toma de contacto
El primer día solo teníamos libre la tarde, así que fuimos a pasear por Taormina.
Nos llamaron la atención los balcones, las cabezas de moro y las piñas decorativas que aparecen por toda Sicilia. También reconocimos algunos escenarios de la segunda temporada de The White Lotus.
Un tour privado por los alrededores del Etna
Al día siguiente teníamos reservado con Trinakria Tours un tour privado de cinco horas por el Etna.
No se podía subir a la parte alta porque el volcán estaba emitiendo gases, así que el guía adaptó la excursión. Rocco nos acompañó por el paisaje y nos fue explicando la naturaleza, la cultura y la historia del volcán.
Fue fantástico. Sabía muchísimo y consiguió que el cambio de planes no se sintiera como una renuncia, sino como otra manera de entender el Etna.

Por la tarde nos contó que en Aci Trezza celebraban las fiestas de San Giovanni y representaban en el puerto una escena sobre la lucha del hombre contra el pez. Fuimos y terminamos en primera fila viendo el espectáculo.
Después nos acercamos a Aci Castello para ver su fortaleza normanda.
Catania y una vuelta al volcán en coche
Al día siguiente visitamos Catania y su barroco.
Empezamos por la Pescheria, aunque llegamos tarde y quedaban pocos puestos. Con el calor entendimos que el mercado debe visitarse temprano, cuando la ciudad todavía no ha alcanzado su temperatura máxima.
Entramos en la catedral y compramos una entrada conjunta para visitar también las termas, el museo diocesano y varios lugares vinculados a Santa Ágata, la patrona de Catania.
La terraza del museo ofrece unas vistas magníficas. También merece la pena caminar por Via dei Crociferi, una de las calles que mejor resumen el barroco de la ciudad.
Por la tarde rodeamos parte del Etna en coche. Pasamos por Paternò, con grandes vistas desde su torre normanda; Bronte, donde casi todo parece llevar pistacho; y Randazzo, un pueblo medieval construido en buena parte con piedra volcánica negra.
Quisimos terminar el día en las Gole dell’Alcantara, pero llegamos cuando el acceso ya estaba cerrado. También esto forma parte de un viaje real: no siempre se llega a todo.
Siracusa, Noto, Modica y Ragusa sin convertir el día en una carrera
De camino a nuestro siguiente alojamiento recorrimos parte del sureste barroco: Siracusa, Ortigia, Noto, Modica y Ragusa.
Ortigia y Noto son dos lugares para caminar sin objetivo demasiado preciso. En Siracusa visitamos el Parque Arqueológico de Neápolis, donde se mezclan ruinas griegas y romanas con las antiguas canteras utilizadas para construir templos y teatros.
Modica y Ragusa aparecen encaramadas en las laderas, llenas de escaleras, cuestas y perspectivas que cambian a cada momento. Ragusa Ibla hay que descubrirla despacio, aunque la parte alta de la ciudad también merece tiempo.
Eso sí: conviene ir preparado para hacer piernas.
Los paisajes del comisario Montalbano
Somos muy fans de Montalbano, así que dedicamos una jornada a recorrer algunos de sus escenarios.
Visitamos el castillo que aparece en la serie, Scicli, la famosa comisaría y Punta Secca, donde se encuentra la casa del comisario.
El castillo tiene unos jardines preciosos y algún que otro secreto. Scicli, además, nos encantó por sí misma. Aunque nunca hubiéramos visto la serie, habría merecido el paseo.

Para bañarnos fuimos a una reserva natural de la provincia de Ragusa. Dejamos el coche en un terreno cercano al aparcamiento de un restaurante, alquilamos sombrilla y hamacas y entramos a la reserva desde allí.
Había más gente de la que esperábamos para un lugar tan apartado, pero el baño fue estupendo.
Quien quiera profundizar en esta parte de la isla puede leer nuestra ruta de un día por la Sicilia de Montalbano.
El sureste combina barroco, mar, paisaje rural y la Sicilia de Montalbano
Del Valle de los Templos a la costa occidental
Agrigento bajo el sol
De camino a Marsala paramos en Agrigento para visitar el Valle de los Templos.
El calor apretaba bastante. Cogimos una audioguía y buscábamos la sombra cada vez que tocaba escuchar una explicación. Aun así, los templos son impresionantes y la visita merece completamente la pena.
También quisimos acercarnos a la Scala dei Turchi, pero solo conseguimos verla desde arriba porque no encontramos el acceso para bajar.
Quince kilómetros por la Reserva de lo Zingaro
En la zona de Trapani hicimos una ruta por la Reserva de lo Zingaro.
Hacía muchísimo calor, pero conseguimos completar los quince kilómetros, siete y medio de ida y otros tantos de vuelta, gracias a los baños que nos dábamos en las calas del camino.
El paisaje era espectacular y el agua, completamente transparente.
Segesta, Erice y una tarde en Marsala
Al día siguiente visitamos el Parque Arqueológico de Segesta. Me encantó. El teatro y el templo inacabado se conservan de una manera sorprendente.
Después subimos a Erice, con sus callejuelas medievales y su castillo envuelto entre nubes. Terminamos la jornada paseando por Marsala, una ciudad que nos gustó mucho más de lo que esperábamos.
Palermo no se visita: se atraviesa
Terminamos el viaje en Palermo.
Siguiendo los consejos de nuestro alojamiento, fuimos al Palazzo Butera y llegamos caminando por Via Maqueda y Via Vittorio Emanuele, pasando por los Quattro Canti y la Fontana Pretoria, que estaba en obras.
Compramos una entrada conjunta para visitar el palacio y el Teatro Massimo.
El Palazzo Butera está restaurado y reúne arte contemporáneo, mobiliario art déco y algunos espacios muy curiosos. Se puede subir a los tejados y observar partes de los techos anteriores a la restauración.
Al día siguiente visitamos el Teatro Massimo. El edificio es una maravilla y la guía consiguió que la visita fuera todavía mejor.
También entramos en un palacio histórico privado que nos enseñó la propia familia. Fue una de las grandes sorpresas de Palermo: no solo por el edificio, sino por la manera cercana en que nos lo mostraron.
En Palermo hay que entrar también en algún mercado: Capo, Ballarò o Vucciria. Y visitar la catedral, con la posibilidad de subir a los tejados para contemplar la ciudad desde arriba.
Un consejo práctico para conducir por la isla
Si viajas en coche, conviene llevar instalada alguna aplicación para pagar aparcamientos.
En muchas ciudades y localidades costeras es posible abonar desde el móvil tanto aparcamientos concretos como zonas azules. Tenerlo preparado evita perder tiempo buscando monedas o puntos de pago.
También es importante recordar que Sicilia es grande y que las distancias reales no siempre coinciden con lo que parece en el mapa. Una ruta bien organizada permite disfrutar mucho más y pasar menos tiempo dentro del coche.
Lo que este diario cuenta sin decirlo
El viaje de Beatriz incluye muchos de los grandes lugares de Sicilia, pero lo que lo hace interesante no es la cantidad.
Es la manera en que una etapa lleva a la siguiente: dormir mirando al Etna, descubrir una fiesta local gracias al guía, caminar por ciudades barrocas, bañarse después de una ruta larga, seguir los escenarios de Montalbano y terminar entre mercados y palacios de Palermo.
También aparecen pequeños fracasos —un acceso cerrado, una llegada tardía, una playa más concurrida de lo esperado— que hacen que el relato resulte verdadero. Un viaje bien diseñado no elimina lo imprevisto. Le deja espacio sin permitir que desmonte todo el recorrido.
Eso es lo que intentamos construir en Trinakria Tours: una ruta con lógica, alojamientos que conocemos personalmente, experiencias colocadas en el momento adecuado y margen para que el viaje siga siendo personal. No una sucesión de reservas desconectadas ni una respuesta automática, sino un diseño hecho a mano a partir de quien va a viajar.
¿Quieres vivir Sicilia con una ruta diseñada alrededor de tu forma de viajar?


